Las relaciones familiares se resienten en las grandes ciudades: casi un 40% de ciudadanos afirma que las mantiene con poca frecuencia

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. El 23% de la población en grandes urbes no mantiene ninguna relación con sus vecinos, frente al 4% en el medio rural. . La discriminación social es significativamente mayor en los grandes núcleos urbanos: afecta al 33% de la población en Madrid y Barcelona, frente al 17% en los pequeños municipios. . En Barcelona y Madrid casi cuatro de cada diez personas afirman que sus relaciones familiares son nulas o poco frecuentes, frente a los municipios pequeños, donde la situación se reduce al 26%. . En cuanto a las relaciones de amistad, en las grandes ciudades el 21% de la población se relaciona muy poco con sus amigos, frente al 11% en ciudades pequeñas y el 9% en pequeños municipios.

Madrid, 2 de febrero de 2026  La calidad y frecuencia de las relaciones sociales en España presenta fuertes desigualdades según el tamaño del territorio en el que vive la población, con una clara brecha entre los grandes núcleos urbanos y los municipios de menor tamaño. Así lo refleja el análisis territorial elaborado por Foro NESI a partir de los datos de la Encuesta sobre Integración y Necesidades Sociales de la Fundación FOESSA (EINSFOESSA 2024), basada en una muestra de más de 12.000 hogares en toda España. 


El estudio compara ciudades globales (Madrid y Barcelona)grandes ciudades (más de 500.000 habitantes)ciudades medias y pequeñas (entre 10.000 y 500.000) y municipios rurales (menos de 10.000), y muestra que la fragilidad de los vínculos familiares, de amistad y de proximidad aumenta a medida que crece el tamaño del territorio. 


Relaciones familiares y de amistad, una gran brecha social entre los distintos territorios de España 


Las relaciones familiares son uno de los ámbitos donde la desigualdad territorial tiene mayor impacto social, especialmente en los grandes núcleos urbanos. En Madrid y Barcelona, casi cuatro de cada diez personas afirman que sus relaciones familiares son nulas (3%), poco (18%) o muy poco frecuentes (17%), una situación que se reduce prácticamente a la mitad en los pequeños municipios (26%). 


Además, el 17% de la población en Madrid y Barcelona afirma no relacionarse con los miembros de su propio hogar, frente al 11% en ciudades pequeñas y municipios rurales, un dato que apunta a las dificultades para construir vínculos sólidos incluso dentro del espacio doméstico. 


Las diferencias territoriales también se acentúan al analizar la frecuencia real de las relaciones de amistad. En las grandes ciudadesel 21% de la población se relaciona muy poco con sus amistades, una proporción más del doble que la registrada en ciudades pequeñas (11%) y pequeños municipios (9%), que emergen como los territorios donde es más probable mantener encuentros regulares y relaciones estables con los amigos. 


Aunque el porcentaje de personas que declara no tener amistades es reducido en términos generales (3%), en Madrid y Barcelona asciende hasta el 7%, reforzando la idea de que el tamaño del territorio condiciona no solo la existencia, sino la calidad y la frecuencia de los vínculos sociales. 


“Las grandes ciudades concentran oportunidades, pero también dificultan algo tan básico como construir un hogar. El alto precio del alquiler, los cambios constantes de vivienda y la falta de tiempo hacen que muchas personas vivan de forma provisional. Cuando no sabes cuánto tiempo vas a estar en una casa o compartes piso con desconocidos, es mucho más difícil crear vínculos y relaciones estables”, señala Diego Isabel La Moneda, director y cofundador de Foro NESI. 


Relaciones vecinalescaída de la convivencia cotidiana en entornos urbanos 


Más allá de las relaciones familiares y de amistad, el análisis también evalúa las relaciones vecinales, uno de los vínculos más básicos de la vida cotidiana, donde se observa la mayor brecha porcentual entre territorios. 


En las grandes ciudades, el 23% de la población no mantiene ningún tipo de relación con sus vecinos, frente al 4% en los pequeños municipios y el 7% en las ciudades pequeñas. Además, solo el 53% de la población en Madrid y Barcelona mantiene relaciones vecinales frecuentes, una cifra que asciende hasta el 87% en el medio rural, donde la convivencia vecinal es significativamente más habitual. 


“El vecindario es el entorno social más próximo en la vida cotidiana, pero en las grandes ciudades se ha normalizado la escasa interacción entre vecinos. Aunque su peso emocional sea menor que el de la familia o la amistad, los datos reflejan una pérdida clara de convivencia cotidiana que invita a repensar cómo fomentar una vida urbana más próxima y cohesionada”, apunta Diego Isabel La Moneda. 


Discriminación, mucho menos frecuente en pequeños municipios 


El análisis también revela importantes desigualdades territoriales en la experiencia de discriminación social. En Madrid y Barcelonael 33% de la población afirma haberse sentido discriminada alguna vez, frente al 17% en los pequeños municipios 


Las grandes ciudades concentran los porcentajes más elevados en todos los ejes analizados: racismo, LGBTIQ+fobia, machismo, capacitismo y discriminación por creencias ideológicas. En particular, el 18% de la población en Madrid y Barcelona se ha sentido discriminada por su origen étnico o racial, y un 9% por razón de género, lo que cuestiona las narrativas que asocian automáticamente los territorios pequeños con mayores niveles de exclusión social. 


Repensar el equilibrio territorial para mejorar bienestar y vínculos sociales 


Los resultados del estudio cuestionan la idea de que vivir en una gran ciudad garantice, por sí sola, mayores niveles de bienestar y progreso. El análisis muestra que la calidad de vidaligada tanto a la situación económica como a las relaciones socialestambién se encuentra, y en muchos casos con mayor intensidad, en ciudades medias, pequeñas y en el medio rural. 


En este contexto, el informe plantea la necesidad de repensar el modelo territorial en España. Avanzar hacia un mayor equilibrio territorial y una descentralización económica y laboral permitiría reducir las desigualdades entre territorios, frenar los procesos migratorios internos hacia las grandes ciudades y facilitar que las personas puedan desarrollar proyectos de vida más estables, con mayor bienestar y mejores vínculos sociales, independientemente del lugar en el que vivan.