La Filocalía de la Oración de Jesús - Padres Orientales

La Filocalía de la Oración de Jesús

Por Padres Orientales

  • Fecha de lanzamiento: 2015-09-02
  • Género: Cristianismo
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Descripción

Estamos ante un verdadero tesoro de la espiritualidad cristiana. La lectura de este texto puede transformar nuestra vida, nuestra relación con Dios y con los hermanos.

¿Qué es la Filocalía? Se trata de una colección de textos ascéticos y místicos reunidos por el obispo Macario de Corinto (1731-1805) y el monje del monte Athos Nicodemo, (1749-1809), que fue publicada por primera vez en Venecia en 1782. Contiene extractos y obras de cerca de treinta y seis autores del siglo IV al XV. Puede ser considerada como una enciclopedia o «breviario» del hesicasmo, que es la corriente espiritual que busca el reposo exterior, y sobre todo interior, como condición de la oración. Esta colección de textos ha ejercido una gran influencia en la espiritualidad ortodoxa moderna, y en otros ambientes, especialmente a partir de 1950. Quien haya leído el célebre texto anónimo conocido como «Relato de un peregrino ruso», recordará que la Filocalia es el libro que utiliza en su peregrinación como alimento de su espíritu.
 
La palabra griega «philokalia» significa literalmente «amor a lo bello-bueno». San Agustín transcribe el término en latín y lo identifica prácticamente con la «philosophia». Más concretamente, se trata del «amor hacia Dios como fuente de todas las cosas bellas que conduce a la unión con la Belleza divina increada» (Kallistos Ware).

La Oración de Jesús es una corriente de la espiritualidad oriental pero algunos ven en ella, además, el "tipo esencial de la mística ortodoxa". Esta oración consiste en una invocación incesante del Nombre de Jesús, de allí su nombre: Oración de Jesús. Ella encuentra su fuerza en la virtud del Nombre divino, el Nombre de Yahveh en el Antiguo Testamento, el Nombre de Jesús en el Nuevo Testamento, particularmente en el libro de los Hechos de los Apóstoles: "Aquel que invoque el Nombre del Señor será salvado" (Hch 2, 21). El Nombre es la Persona misma. El Nombre de Jesús salva, cura, arroja los espíritus impuros, purifica el corazón. Se trata de "llevar constantemente en el corazón al muy dulce Jesús, de ser inflamado, por el recuerdo incesante de su Nombre bienamado y por un inefable amor hacia Él".