Confianza en Castilla-La Mancha

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Orgullo. Tenemos que estar orgullosos de haber nacido en Castilla-La Mancha, de vivir en Castilla-La Mancha pero, por encima de todo, de ser de Castilla-La Mancha. Porque nacer o vivir son verbos que pueden tener ciertas connotaciones de azar, pero la autenticidad se encuentra en el ser. Y tenemos que sentirnos orgullosos y honrados de ser castellano-manchegos.

Nuestra región celebra su día hoy y lo primero es felicitar a todos los que forman parte de nuestra región. Es cierto que en celebraciones de este tipo puede antojarse como un argumento recurrente hablar de orgullo. Pero también creo que nunca sobra subrayar aquello que nos distingue porque es la base para seguir avanzando. Trabajar duro en nuestras fortalezas es el único camino para alcanzar la Castilla-La Mancha que queremos.

Podría empezar, por lo tanto, con el relato de por qué esta tierra, que es corazón geográfico y sentimental de España, cuenta con los ingredientes y con la valía personal de todos y cada uno de sus habitantes para convertirse en un auténtico foco de atracción económica, social, de convivencia y desarrollo.

Podríamos continuar con una reivindicación del papel que han desempeñado nuestras ciudades, nuestros hombres y mujeres, en la inagotable historia de nuestra nación; somos parte de un todo que se llama España que hemos ayudado a construir, avanzar y conformarse como lo que es, uno de los países más prósperos del mundo, una democracia ejemplar de libertad e igualdad.

Y también sería una obligación resaltar el presente de una región que encarna como ninguna otra el arraigo a la tierra, al sector primario agrícola y ganadero, a ese campo nuestro que ha evolucionado junto con el siglo XXI y que ha dado una lección de adaptación a los nuevos tiempos.

El pasado y el futuro se unen a través de la tierra en Castilla-La Mancha como en pocos lugares de España. Lo hacemos por convicción, por respeto a nuestras raíces, porque entendemos lo que supone ser y honrar a tu tierra. 

Hay mucho por lo que enorgullecerse de Castilla-La Mancha y, sin embargo, es mucho lo que se suele hablar de todo lo que sigue lastrando a nuestra sociedad. El paro, el déficit descontrolado, los problemas en la prestación de servicios elementales como la educación o la sanidad. Por desgracia, y una vez más, Castilla-La Mancha ha caído al fondo de los indicadores económicos.

Eso es injusto para el conjunto de los castellano-manchegos. Porque no es lo que somos. Esta región ha demostrado que sabe salir de las peores situaciones. En mitad de la crisis económica y social más dañina de la democracia, los castellano-manchegos demostraron hace unos pocos años que no tienen por qué conformarse con estar a la cola de la España de las autonomías. ¿Por qué no liderar también en lo positivo? Que también lo hicimos entonces. Castilla-La Mancha dejó claro que también puede revertir la tendencia del pesimismo. Solo tenemos que recuperar la confianza de toda una sociedad en su capacidad de superación.

Ha llegado la hora de la reacción: se puede bajar el paro a mayor velocidad que la media nacional, se puede respetar la estabilidad de las cuentas como primer paso de competitividad y de gestión eficaz de los recursos públicos, se puede apostar con el campo contando con los que trabajan en ese mismo campo y se pueden aprobar reformas al mismo tiempo que se impulsa la economía. No hay que darse por vencido antes de intentarlo.

Como presidenta del Partido Popular en Castilla-La Mancha, estoy convencida de que hay un proyecto de éxito en cada castellano-manchego. La prosperidad es posible si se trabaja por ella y se trabaja con el interés general como único requisito.

Somos el mayor viñedo del mundo, somos eje ineludible de las comunicaciones de la península ibérica, somos una tierra de emprendimiento y esfuerzo diario. Parques naturales, gastronomía, industria pujante y diversificada… Somos también historia y cultura: con nuestras ciudades patrimonio y como embajadores del Quijote que solo nosotros podemos ser y ostentar; puesto que manchego es el mayor exponente de las letras y artes españolas, el monarca absoluto y eterno de la lengua española. Somos tradición y hemos demostrado que no le tenemos miedo a la novedad, a la modernización integral de toda nuestra sociedad.

Pero tenemos que convencernos de que Castilla-La Mancha es todo eso y que podemos ser mucho mejores. La confianza es el primer paso para contar con una región de futuro. Para ello, hay que contar con todos y cada uno de los castellano-manchegos. Solo así podremos dejarles en herencia una región digna a nuestros hijos y nietos. Las exclusiones y el sectarismo nunca han traído nada de provecho a las sociedades. Solo excusas y oportunidades perdidas.

Hoy, día de nuestra región, celebraremos todo lo bueno que nos une. Que es mucho y excelente. El interés general nos exige trabajar unidos y con un proyecto común y compartido, cada uno desde su responsabilidad y posibilidades. Cuando así lo hemos hecho, Castilla-La Mancha ha avanzado. Orgullosa, por supuesto; pero también con confianza.