Cartel catequético Semana Santa de Manzanares 2018

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La figura del Santísimo Cristo de la Buena Muerte, según la representación que vemos en el cartel de la Semana Santa de Manzanares 2018, determina un objetivo concreto: reconocer, sentir y vivir la Semana Santa como camino de transición desde la Cruz a la Resurrección entendidos como método y resultado: el sentido de la cruz radica en el triunfo sobre las ataduras del relativismo que se rompen con la Resurrección. En definitiva, es el triunfo salvífico del amor de Dios para con sus criaturas que se ha fraguado en la Cruz mediante al abrazo universal que la misma Cruz representa.

Si vivimos la Santa Semana imbuidos del sentido de la muerte buena en Cristo tenemos necesariamente que resucitar con Cristo para dar sentido a nuestro compromiso de cristianos. No podemos ser meros espectadores de la resurrección de Cristo como si eso fuera un hecho fulgurante o simplemente taumatúrgico.

Tenemos que trascender desde la Cruz a la Resurrección. La cruz no es sólo el anclaje donde Jesús se nos muestra crucificado. Ese anclaje no es más que la expresión absoluta y perfecta del abrazo de Cristo a la humanidad en el amor sin medida por el que nos redime y nos salva. Cuando miramos al Santísimo Cristo de la Buena Muerte tenemos que clavar nuestros ojos en Cristo Jesús, en ese Cristo Jesús que en cuestiones de amor ama sin medida. En la cruz el amor no está secuestrado, en la Cruz el amor es infinito, absoluto y sin medidas.

El cartel, idea original de Jerónimo Romero-Nieva Lozano se centra en la figura del Cristo de la Buena Muerte, en una perspectiva direccional ascendente, como trascendiendo hacia la Resurrección. La imagen del Cristo se eleva sobre este concepto hacia un resplandor azul, recordando el color azul representativo de la Hermandad del Cristo de la Buena Muerte, destellando un sutil rayo de luz que se extralimita fuera del cartel.

Con los pies en la tierra “Las tres Marías”, María Madre de Jesús, María Magdalena y San Juan. Las Mujeres se encuentran en la parte inferior del cartel, formando una composición simétrica que equilibra la atención hacia el Cristo. No destacan en demasía, pero no abandonan su importante presencia en este marco. La bruma que entremezcla las tres figuras entre sí, focaliza el simbolismo del desprendimiento de lo terrenal hacia lo sagrado o divino, puesto que las brumas generan confusión en lo terrenal, frente a la liviandad del cielo despejado que figura en el cartel.

En el ambiente del fondo, se han utilizado colores terrosos en las montañas, para así crear mayor peso en la parte inferior del cartel. Mientras que, en la parte superior, el cielo posee una cromática anaranjada, puesto que es el color complementario del azul, creando un mayor contraste y así resaltar de una forma más marcada la figura de Jesús.

Finalmente, se ha añadido como detalle un marco de dos líneas paralelas bilaterales que ascienden y se desvanecen arriba para mantener el sentimiento de superación hacia la Resurrección.